“Esa noche estábamos en el Rosedal (en Capital Federal) viendo en una pantalla el minuto a minuto, habían sido muchos meses de mucho trabajo, de mucha presión… la verdad es que estaba toda la Argentina viendo a las 4 de la mañana esa definición, independientemente de que fueran actores protagonistas de esto, como los productores agropecuarios, o no. Esto tenía en vilo a toda la sociedad” rememoró Vigneau en el inicio y agregó que “nosotros lo vivimos como una reivindicación de nuestros derechos, porque sentíamos que nos estaban pasando por encima la historia”.
Sobre la masiva convocatoria que tuvieron las entidades agropecuarias en aquella ocasión, destacó que “ahí se vio la reserva de valor que hay, de gente que quiere otra cosa, más allá del ámbito en el que nos movamos y nos desarrollemos; creo que en ese momento estábamos defendiendo la república, la cultura del trabajo… al poco andar dejó de ser un tema meramente financiero y pasó a ser una cuestión de fondo, y en esos términos fue que la sociedad se interesó en el tema y lo siguió como lo siguió”.
Vigneau opinó también respecto de esa rivalidad que fue tomando el conflicto con el correr de los días, al punto de estar o con el campo o contra el campo, y aseguró que “es lo que sigue sucediendo hoy, porque la realidad es que hay personas a las que les conviene que los argentinos estemos peleados, que no nos identifiquemos como algo unido o amalgamado… y se hizo grande la Nación cuando hubo un sueño en común, cuando el docente, el comerciante, el policía, el productor agropecuario, el periodista, todos tiraban para el mismo lado, para una Argentina grande y de trabajo. Hoy cada uno tira para su lado, pero tenemos que lograr un sueño común y una redistribución de oportunidades, porque la Argentina se va a hacer grande con el trabajo de su gente y hoy esa cultura está un poco denostada”.
Por último, Pedro reflexionó sobre el rol de Julio Cobos y el costo político que tuvo el ex Vicepresidente, y dijo que “cuando caemos en los personalismos y cuando creemos que una persona puede torcer el rumbo de un país, no estamos haciendo el análisis que corresponde. Lo de Cobos en ese momento ahí es anecdótico, a él le tocó ser la persona, pero la realidad es que la crisis que tenemos es institucional; por eso creo que si evaluamos el costo político de una persona caemos en eso de pensar que va a venir un mesías a salvarnos, que va a venir un líder y nos va a encarrilar. Las personas pasan, las instituciones quedan”.