NOTA CON AUDIO
25 de marzo de 2026
Amelía Álvarez: "Quien siembra odio, cosecha repudio y olvido"
César Gody Álvarez, hermano de Amelia, fue secuestrado el 26 de abril de 1976 en Palermo (Ciudad de Buenos Aires) y sus restos exumados del cementerio de Merlo y fueron identificados por el Equipo de Antropología Forense (AAF). Determinaron que fue asesinado el 5 de mayo de 1976 y fue depositado como NN en ese momento. Las palabras que surcaron el acto del martes, quedarán por siempre en la memoria de los presentes.-
El péndulo del reloj ha marcado inexorablemente el paso del tiempo. Han transcurrido 50 años de aquel fatídico 24 de marzo de 1976, fecha en la que se produjo el golpe de estado cívico, militar, eclesiástico y empresarial, instaurando la dictadura más cruel y sangrienta de nuestra historia. Un grupo de genocidas pusieron un plan en práctica, minuciosamente pergeñado hasta el último detalle.
Se autoproclamaron defensores de la patria, combatiendo al terrorismo. ¡Mentira! Vinieron a exterminar una generación que defendía todos los derechos conquistados por nuestros antepasados, soñaban con una patria libre, justa y soberana.
Se inspiraron en el dogma del gran Sanjuanino, bárbaros, las ideas no se matan. Comenzaron los saqueos, secuestros de hombres, mujeres y niños con destinos inciertos, ya que utilizaban viviendas particulares como centros de detención clandestina. Allí torturaban de manera inimaginable hasta la muerte.
A las mujeres embarazadas las mantenían con vida hasta los nacimientos, les arrebataban sus bebés y ellas eran descartadas. Ante el pedido de familiares de investigación de paraderos, inventaron el término desaparecidos. Y la respuesta fue el silencio.
Frente a la impotencia, angustia y dolor, surgieron dos grandes agrupaciones, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Su tarea, aparte de recorrer comisarías, juzgados, eran todos los jueves marchar en derredor de la Plaza de Mayo, en silencio, sin agresión, solo reclamando por sus hijos y nietos.
Fueron reprimidas con violencia, pero ellas no claudicaron. Se identificaban compañeras blancos donde figuraba la inscripción de los nombres de sus seres queridos, emblema que aún continúan utilizando.
Estas agrupaciones fueron tomadas como ejemplo a tal punto de percibir innumerables reconocimientos mundiales.
Vaya para ellas mi eterna admiración y agradecimiento. Fueron 30.000 desaparecidos, aunque los negacionistas digan lo contrario.
Trascurrido el primer mes del golpe, el horror llegó a nuestra casa. Mi hermano Gody había sido secuestrado en Capital Federal cuando se dirigía a darle una sorpresa a nuestra madre. Para la familia fue un tremendo golpe emocional que nos desestabilizó, pero no nos quebró.
Comenzó un angustioso periplo buscando por todos los medios. Cada noticia, cada indicio, fue mi motivo para seguirla. Fueron 30 años de búsqueda infructuosa, junto con sus compañeros de militancia política y la Comisión de Derechos Humanos. Toda la familia conocía los detalles de la búsqueda, con excepción de mi madre.
Pero ella, con su intuición a flor de piel, fue acostumbrándose poco a poco a no ver a su hijo, llorando en silencio su ausencia. Néstor Kirchner, presidente en ejercicio, ordenó la apertura de toda la documentación relacionada con esta fatídica época. De esta manera se recuperó el expediente judicial con los detalles macabros.
Fechas, lugar de detención donde lo torturaron salvajemente y lo arrojaron aún con vida al río Reconquista, próximo a Merlo, donde fue recuperado por un transeúnte. Fue sepultado como en NN, aunque había sido identificado, sin comunicar absolutamente nada a la familia. Previa a la constatación de ADN, fueron trasladados los restos a su ciudad natal y descansan junto a mi madre.
Comprobado por los antropólogos la muerte violenta, se inició la investigación correspondiente, identificando al responsable del lugar de detención. No llegó a la justicia, falleció de hambre. Escapó de la justicia de los hombres, pero no podrá escapar de la justicia de Dios. Esta es, en resumen, una historia de los tantos desaparecidos.
Permítanme ahora hablar en nombre de toda la familia. Algunos las he conocido, a otras no, pero por esos crueles vericuetos que tiene el destino, nos hermanó el dolor convirtiéndonos en una gran familia.
Es por eso que en su nombre quiero agradecer con todas mis fuerzas a los colegas agrupados en SUTEBA, quienes tuvieron la decisión, pese a los contratiempos, de erigir este monolito, perdón, que recuerda a todos los desaparecidos bolivarianos. Y desde el año 1997 organiza los actos recordatorios, afianzando así memoria, verdad y justicia.
En 2012 se sumó a la Comisión de Derechos Humanos Municipal, colocando baldosas con los nombres de cada uno, ubicándolas en lugares representativos.
A Miguel Gargiulo, quien previa una minuciosa investigación, dejó plasmada en sus libros la verdadera historia. Así podrán las nuevas generaciones conocer realmente la verdad, y muy especialmente a todos y cada uno de los que nos acompañan año tras año en estos actos. Mil gracias a todos en nombre de la gran familia.
Hoy más que nunca estoy convencida que aquí aplica el viejo refrán, cosecharás tu siembra. Quien siembra odio cosecha repudio y olvido. Quien siembra amor no solo lo cosecha, sino además es un recuerdo perfecto.
Por los 30.000 desaparecidos presentes hoy y siempre. Hoy y siempre. Hoy y siempre!!!
